El campo de Florencio Molina Campos es un lugar donde se evoca la celebración de lo cotidiano. En esta segunda selección de obras se pueden observar las tareas rurales, el descanso, el festejo y, a modo de excepción, la muerte.
Pa´l retrato
La pose gauchesca es montada para ser objeto de recuerdo en una fotografía.
Estos vicios no son los de la posmodernidad, son modos pícaros de aplazar y festejar el devenir del tiempo.
A recrearse con este tradicional juego. Las apuestas están hechas. Sólo la suerte, el azar determinarán el ganador.
En ¨La siesta¨ se aprecia un momento sublime de plenitud. La parsimonia del caballo, el paisaje y el peón que, sin duda alguna, agradece ese descanso campestre a punto tal que parece elevarse.
El esplendor de ese cielo hace de esta obra una de sus más bellas. Además, en la elección de los colores presenta un dejo de melancolía.
Un mate de despedida, otro de bienvenida. El mate acompaña al gaucho como el sol al campo.
¡ Ay...él!
El significado de la muerte, debido a las formas con las cuales delineaba a las personas y animales, no se vuelve tan despiadada.
A la escuela
La educación no debe conocer de distancias, por ello a lomo de burro o caballo el niño será trasladado y su familia, como siempre, acompañará en tal diaria ceremonia.