Para Lucas los Sábados, eran tardes de entrenamiento. El ritual consistía en colocar en su bolso marca Umbro: los botines negros, la botella de agua mineral y la necesaria bolsa con el jabón, toallón, desodorante, peine y slip, porque ciertamente considera que la masculinidad no habilita a andar propalando su sudor a futbolista por doquier, menos que menos durante los 45 minutos que dura el viaje desde su casa en Villa Poca Esperanza hasta el Club Los Chimangos, allá, en la loma.
¨El Choclo¨, tal cual era conocido, no fue esa tarde al entrenamiento en la destartalada línea 504, optó por una también desvencijada bicicleta cuyo dueño no era otro que él mismo (¨llego más rápido en cole que en bici¨- solía afirmar con sabiduría urbana).
Pero ese día soleado ameritaba, más bien obligaba, a ir pedaleando cuesta arriba…y así partió subiendo la loma, con su bolso cruzado a expensas de su providencial presencia.
Durísimo el entrenamiento, como siempre,
durísimo el trabajo de resistencia muscular y aeróbica,
durísimo tener que regresar a casa caminando…¨la puta madre, se me cortaron los frenos¨… y claro, no era recomendable bajar la loma en esa situación.
Asi que, intentando obviar los 32° viento Norte, tuvo que emprender la caminata de regreso portando su morena humanidad de un metro 70, kilos acorde, cabello corto, mientras las gotas sádicas y escurridizas no dejaban de permear la camiseta imitación del Manchester y el ya pegoteado short Adidas, generando un aire querendón a esa corpulencia oscura y rupestre.
¨Lucas, Lucas….acá arriba…hacia la derecha !¨ por el balcón de hierro forjado, no menos oxidado, vislumbraba la silueta de una jovenzuela de metro 60, con colitas a lo Xuxa, minifalda turquesa, cinto blanco con estrellitas rosadas y remera al ombligo de Mi Pequeño Pony, aunque quizás lo más llamativo eran además de sus bondades delanteras/traseras, la falta de 2 dientes, producto de una piña que le proporcionó su padre en los albores de su adolescencia...
¨Luquis, no me encontrabas…ji ji ji¨
¨Ho, hola, Jazmín¨¨
¨Te dije que es Yasmín, no Jazmín, pero a vos te perdono todo locura mia!!¨
¨Sabías que apareciste en el diario ? …La cara de asombro de Lucas fue suficiente como para que ésta vez Yasmín no tuviera que inventar una excusa y en ésta oportunidad sí accediera a subir al funcional. Subí que te muestro !!
Lucas replicó: ¨uy, pero mirá cómo estoy, todo transpirado.¨
¨Sí, veo bien cómo estás…¨
La necesidad de confirmar que era él quien había aparecido en el diario requería que Lucas subiera la escalera caracol con ansiosa agilidad, sin reparar en su aspecto sudado.
¨Pasá bb –acentuando bien las b-¨¨ay qué lindo que hayas venido, nunca querés venir¨
¨Bueno…es que…ja ja¨,
¨Si, ya sé, pero qué importa, los de afuera son de palo¨ ¨ aguantáme que te voy a buscar el diario, sérvite agua lindo, ponéte cómodo¨
Lucas se sentó porque demasiado era el despliegue carnívoro frente a sus ojos como para contener la obviedad dentro de su short. Una obviedad de la cual se comentaba y bastante.
¨Mirá Luquis, acá estás, no ves ? se ve de lejos pero se nota que sos vos, es más me dí cuenta que eras vos por el logo de la camiseta y el short¨…¨a ver..paráte, a ver si es la misma ?¨ – se acercó Yasmín aprovechando la ocasión para depositar una mano sobre el hombro. Dale paráte !
Y Lucas se paró. Yasmín, absorta.
Una mano seguía siendo el sostén del recorte periodístico, pero la otra era impulsiva, quería ser llevada ahí, a esa zona, a esa protuberancia que asomaba terca, potencial, a la magnitud descollante que le daba el nombre de El Choclo. Como ella del oficio conocía bastante resolvió que una proporción tan exótica no podía ni merecia mantenerse resguardada bajo el apretujado short.
¨Tengo hambre, quiero comer carne¨ expresó la felina.
¨Bueno, acá tenés el almuerzo¨ sentenció la pantera.
Yasmín le bajó violentamente el short, besó calidamente su blanco slip hasta que éste fue a parar a los tobillos, quedando atrapados entre las medias y los botines.
Parecía como si Yasmín hubiera ayunado porque desmenuzaba el alimento con una fuerza, una dedicación meticulosa y abarcadora, que en su rostro se reflejaba la fiebre por ese trípode al cual reverenciaba con todos sus sentidos como un tótem.
Yasmín ejecutaba el oficio bucal con dedicación demagógica, amortiguando el cincelado fálico con la aprehensión, palpamiento de entrenados glûteos y exorbitantes balones a punto de estallar como dos maduras bellotas.
La gimnasia obsesionada hacia el agraciado pepino produjo que éste se inflamara tanto tanto que de pronto y sin ella poder preverlo…..goooooooooooooool !!!
¨El Choclo¨, se subió el short exigiendo a Yasmín que lo ocurrido quedara entre ellos.
Y claro, es que nadie debía enterarse que Mauricio (ahora más conocido como Yasmín) había almorzado a Lucas y menos que Lucas no era otro que su primo.